El puerto de La Guaira, en Venezuela, se ha convertido en una morgue improvisada después de que dos terremotos hayan dejado más de 1.700 personas muertas y miles de desaparecidos.
Equipos de tanatología forense trabajan entre filas de ataúdes y bolsas para cadáveres junto a los silos del puerto, mientras registran y procesan a las víctimas. La magnitud de la pérdida es visible en todo el muelle, ahora ocupado por instalaciones temporales y labores de recuperación.
Los equipos se desplazan entre los contenedores, transportan bolsas para cadáveres y anotan detalles en un ambiente controlado pero cargado.
Muy cerca, los familiares esperan a las puertas de la zona de identificación, algunos con flores en las manos y otros en silencio, a la espera de noticias de sus seres queridos.
El puerto, normalmente un enclave de intenso tráfico de mercancías, se ha convertido en uno de los puntos clave de la respuesta de emergencia y las labores de identificación tras la catástrofe.
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