No se puede hablar de la industria del papel en Colombia sin mencionar aPropal. Durante casi siete décadas, la compañía abasteció a millones de estudiantes, empresas y hogares con papeles para impresión y escritura, convirtiéndose en uno de los referentes de la manufactura nacional.
La empresa, perteneciente a laOrganización Carvajal, sorprendió recientemente al anunciar su liquidación judicial, poniendo fin a una historia empresarial que comenzó en 1957 y que estuvo marcada por la innovación, la expansión industrial y el aprovechamiento de una materia prima poco común: el bagazo de caña de azúcar.
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La historia comenzó cuando la firma estadounidense W. R.Grace and Co. creó en Yumbo, Valle del Cauca, la empresa Pulpa y Papeles Colombianos (Pulpaco), con el objetivo de transformar el bagazo generado por los ingenios azucareros del valle geográfico del río Cauca en papeles finos para impresión y escritura. Posteriormente, la compañía adoptó el nombre de Pagraco (Pulpa y Papeles Grace Colombianos).
Su ubicación no fue casual. La cercanía con los cultivos de caña de azúcar garantizaba un suministro constante de la principal materia prima para fabricar el papel, un modelo que con el tiempo se convertiría en uno de los principales diferenciadores de la empresa.
El 4 de agosto de 1961 la planta inició oficialmente operaciones en una ceremonia inaugurada por el entonces presidente de Colombia, Alberto Lleras Camargo.
Un año después nació formalmente Productora de Papeles S.A. (Propal), resultado de la alianza entre Pagraco e International Paper Company. Para 1962 ya registraba su primer año completo de producción con una capacidad instalada de 36.000 toneladas métricas anuales.
Durante la década de los años ochenta realizó importantes inversiones para modernizar sus procesos industriales. En 1981 puso en funcionamiento un sistema de desmedulado en húmedo de la fibra de caña con capacidad para procesar 400.000 toneladas anuales, mejorando significativamente la calidad del papel.
A ello se sumó la incorporación de nuevas tecnologías industriales. Los años noventa marcaron una nueva etapa de crecimiento.La compañía adquirió Papelcol, empresa ubicada en Caloto, Cauca, donde actualmente funciona su segunda planta industrial.
La operación permitió ampliar considerablemente su capacidad productiva y desarrollar una de las plantas de papel fino elaborado con bagazo de caña más modernas y grandes del mundo.
En 1997 ocurrió otro cambio trascendental para la empresa. Las acciones fueron transferidas a la Fundación Antonio Restrepo Barco, terminando la alianza entre International Paper y W.R. Grace and Co. Posteriormente comenzó un proceso de recapitalización liderado por Carvajal S.A., con el respaldo del entonces Instituto de Fomento Industrial (IFI).
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El nuevo siglo llegó acompañado de otra ola de inversiones. En el año 2000 la empresa aprobó un ambicioso plan para modernizar sus máquinas productoras de papel, optimizar el lavado de la fibra, mejorar la blancura de la pulpa y construir la que entonces fue presentada como la planta más moderna de Latinoamérica para fabricar papeles esmaltados.
Siete años después, en 2007, creó Zona Franca Propal, filial equipada con cortadoras y empacadoras para producir resmas tamaño carta, oficio y A4, además de una planta de dióxido de cloro destinada a fortalecer el proceso industrial.
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El crecimiento de la empresa no se limitó a la producción de papel. Durante la década de 2010 desarrolló programas sociales, educativos y ambientales como su participación en la campaña Computadores para Educar, mediante la donación de equipos de cómputo para instituciones educativas públicas cercanas a sus plantas industriales.
Pese a su trayectoria, sus inversiones y el liderazgo que alcanzó en la industria del papel, Propal comenzó a enfrentar una crisis que terminó siendo imposible de revertir.
De acuerdo con Pedro Felipe Carvajal, presidente de la Junta Directiva de Propal, la decisión de liquidar la compañía fue la más difícil en la historia de la Organización Carvajal y llegó únicamente después de agotar todas las alternativas posibles.
El directivo comentó que desde hace aproximadamente tres años la empresa comenzó a enfrentar una combinación de factores externos que deterioraron progresivamente sus resultados financieros y terminaron haciendo inviable continuar con la operación.
En conversación con EL COLOMBIANO, Carvajal dijo que uno de los principales problemas fue la caída sostenida de los precios del papel en el mercado.
A ello se sumó la revaluación del peso colombiano frente al dólar, un fenómeno que redujo los ingresos tanto en las ventas nacionales como en las exportaciones, mientras que los costos de producción continuaban aumentando.
La empresa también enfrentó una fuerte presión derivada de la competencia de productos importados a menores precios.
Como ejemplo, el presidente de la Junta Directiva señaló que en 2022 una tonelada de papel bond importado ingresaba al país con un precio promedio de US$1.070, sin embargo, para 2025 ese valor había descendido hasta US$842 por tonelada.
"Si a eso le suma cómo se ha revaluado el peso, puede darse cuenta de la magnitud de la disminución", afirmó.
Antes de tomar la decisión definitiva, la empresa implementó múltiples estrategias para intentar recuperar su viabilidad financiera.
Carvajal señaló que se ejecutaron planes de eficiencia y ahorro,se contrataron firmas especializadas para evaluar alternativas, se revisó la estructura de costos, se exploró la llegada de nuevos inversionistas y se diversificaron varias líneas de producción.
Además, la compañía realizó análisis financieros y técnicos para evaluar la continuidad del negocio.
El resultado, según el directivo, fue contundente. "Continuar operando solo incrementaría las pérdidas y afectaría el patrimonio", afirmó.
Incluso confirmó que la empresa buscó nuevos inversionistas antes de iniciar el proceso de liquidación judicial, aunque esa alternativa finalmente fue descartada porque no prosperó ninguna negociación.
La situación financiera no surgió de un momento a otro. Carvajal recordó que el 11 de abril de 2025 Propal anunció la interrupción de las operaciones industriales de su planta de Yumbo, decisión con la que buscaba concentrar toda la producción en una sola planta y enfocarse en las líneas de mayor rentabilidad.
La expectativa era que las medidas antidumping adoptadas por el Gobierno frente a las importaciones de papel ayudaran a estabilizar el mercado.
Sin embargo, eso no ocurrió. Por el contrario, la revaluación del peso terminó reduciendo el efecto de esas medidas.
"Cuando se tomó la decisión de la interrupción de operaciones de la planta 1 en Yumbo se tenía un dólar de 4.200 pesos; hoy hemos visto tasas de 3.200", sostuvo.
Añadió que una de las estrategias fue solicitar al Gobierno medidas arancelarias superiores al 54,87% para las resmas provenientes de Brasil.
Finalmente, el 12 de mayo de 2025 fueron aprobados derechos antidumping definitivos para las importaciones de papel fotocopia desde ese país, luego de una solicitud presentada un año antes.
En el caso del papel bond, la empresa radicó la petición en septiembre de 2024 y la resolución definitiva llegó en diciembre de 2025, aunque previamente sí se habían otorgado medidas provisionales.
Más recientemente, en junio de este año, la compañía también solicitó medidas de salvaguardia frente a las importaciones provenientes de Indonesia, aunque, según Carvajal, esa petición aún no registra avances.
Y precisamente, mientras disminuían las compras desde Brasil comenzaron a ingresar papeles desde otros países como China, Indonesia y Portugal, situación que, sumada a la fortaleza del peso colombiano, terminó por sepultar la empresa.
Para la compañía, mantener la operación significaba seguir acumulando pérdidas mensuales y asumir necesidades de caja que ya no podía financiar.
"Continuar operando significaría continuar con la pérdida operativa mensual y además con requerimientos de caja que Propal no puede asumir, lo que afecta el patrimonio de Propal que es la garantía de todos los terceros", sentenció el directivo.
Al cierre de marzo de 2026, la empresa reportaba pasivos totales por $789.270 millones, reflejando la magnitud del deterioro financiero que enfrentaba.
La decisión de acudir a la liquidación judicial, dijo la compañía, busca garantizar un proceso transparente bajo la supervisión de la Superintendencia de Sociedades y proteger los derechos de los acreedores.
La historia de Propal deja el recuerdo de una compañía que logró convertir un residuo agrícola en uno de los principales insumos para la educación y la industria colombiana, pero también evidencia los desafíos que enfrenta la manufactura nacional para competir en un mercado global cada vez más presionado por los precios internacionales y las variaciones cambiarias.
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