Parece que Leo Messi le ha enseñado a llorar a los argentinos.
De emoción infinita por el título conseguido en Qatar 2022.
De dignidad suprema en la final de este domingo en Nueva Jersey en la que la selección sudamericana perdió contra España.
Messi hizo historia en este Mundial. Aunque no se quedó con ningún título, con ninguna mención, con ninguna placa, marcó ocho goles, dio cuatro asistencias e hizo parte de 12 de las anotaciones que consiguió su selección en siete partidos.
Y este domingo lideró, a los 39 años, a Argentina a su segunda final mundial consecutiva, que además es la tercera en su trayectoria como jugador.
A la edad en la que la mayoría de las leyendas se retiran, Messi sigue escuchando ovaciones, como la que le brindó una de las tribunas del Metlife Stadium. Algo que después del paso de un tal Diego Armando Maradona parecía imposible para otro 10 que vistiese la misma camiseta.
Y lo que ha venido haciendo Messi en este Mundial es enseñar que el fútbol se puede vivir de otra manera a como lo vivió el famoso número 10 que lo precedió. Ha mostrado que en el fútbol se pueden manejar las emociones.
Y apuntaló sobre todo esa consigna de nunca rendirse. Nunca darse por perdedor.
En el Mundial 2026, Argentina tuvo que remontar el marcador en tres ocasiones: frente a Cabo Verde, que le empató el partido dos veces, frente a Egipto, que lo iba superando por dos goles, y frente a los ingleses, que en el minuto 84 parecía que le ganaban el cupo a la final por un gol.
Y las victorias las logró con las emociones en control. Sin delirios. Controlando la pelota.
"Es una locura cómo se están dando las cosas. Yo, sinceramente, antes de empezar el Mundial confiaba en este grupo y sabía que entre los cuatro (semifinalistas) íbamos a estar, que lo íbamos a pelear. Ahora estamos en la final", dijo el astro a los medios tras el partido contra Inglaterra en las semifinales.
Es tan grande su figura y lo que hizo durante estas cinco semanas que duró el torneo que, con casi 40 años, pocos se atreverían a decir que este fue su último Mundial. Aunque él mismo haya descartado estar en otra Copa del Mundo.
Ahora, si esta fuera la escena final de su fascinante carrera, no podría terminar mejor.
Con las lágrimas que le vimos tras el silbato final y con el pueblo argentino coreando su nombre como si fuera el himno nacional.
Aunque el Balón de Oro que se entrega al mejor jugador del torneo se lo quedó -merecidamente- el capitán español Rodri, lo que hizo Messi en este Mundial quedará en los libros de historia.
Porque nadie estuvo en la cumbre del fútbol por tanto tiempo y con tanto criterio e hizo de la Copa del Mundo su casa.
El 18 de diciembre de 2022 en el estadio Lusail de Qatar, Messi obtendría el único título que le faltaba y el que deseaba por encima de todas las cosas: ser campeón del mundo con su país.
Lo consiguió. Él fue quien levantó la copa. Él fue quien la llevó a Buenos Aires en medio de la aglomeración más grande de argentinos jamás registrada.
Si se puede pensar un mejor momento para decir adiós es ese: 36 años, todo ganado a nivel clubes, una Copa América y después, un Mundial.
Pero no. Messi quería más. No lo hizo con el afán de los niños, sino con la madurez pacífica que había encontrado en los últimos años. Paso a paso.
Primero fue por la Copa América de 2024. La disputó con la misma entrega de siempre y repitió el título de 2021.
Aunque ya no estaba en la élite del fútbol, su tránsito por su actual club, el Inter Miami, le daba ciertos beneficios: continuidad y competencia.
Entonces llegó el Mundial de 2026. Aunque Argentina siempre es Argentina y Messi es Messi, nadie esperaba lo que ocurrió durante los primeros seis partidos: un despliegue físico como si fuera un adolescente y una influencia en el juego casi similar a la de Maradona en el 86.
Solo que en ese Mundial, Diego tenía 25 años. Messi cumplió 39 precisamente durante esta Copa del Mundo.
Hat trick en su debut frente a Argelia. Doblete frente a Austria. Golazo de tiro libre ante los jordanos. Ante Cabo Verde marcó el primero.
Ante Egipto sacó varios trucos de la galera, cuando primero le hizo un centro hermoso al Cuti Romero para iniciar el descuento y después puso el empate, que hizo que Argentina terminara con un 3-2 a favor en una remontada increíble.
Pero su gesta mayor fue cuando no vinieron los goles. Frente a Inglaterra en las semifinales, Lionel demostró por qué es considerado una leyenda del fútbol: perdiendo por un gol, buscó todos los espacios posibles y consiguió las dos asistencias necesarias para poner a su selección en la final.
"Él es una genialidad deportiva. Mejora a todos los jugadores que están a su alrededor y por eso Argentina es lo que es por él. En el estadio, todos se convierten en Messi", dice el periodista británico Barney Ronay en el diario The Guardian.
Dentro y fuera de la cancha. El liderazgo de Messi sobre sus compañeros fue uno de los factores que definieron a esta selección. Solo bastaba ver cómo lo esperaban para salir a la cancha a entrenar.
Hasta que el capitán no estuviera al frente, nadie se movía.
Entonces llegó a la final contra una España demasiado potente. Demasiado rigurosa y ordenada.
Y es verdad que perdió. Pero volvió a ser Messi y por eso lloró. Y por eso todos los argentinos lloraron.
Tal vez porque sea la última vez que van a presenciar a un prodigio de tal naturaleza vistiendo la camiseta albiceleste.
Se lo preguntaron varias veces y la respuesta siempre fue la misma: no estará en el Mundial del 2030.
"No, no, eso sí que no", dijo cuando le sugirieron ser parte de la próxima Copa.
Lo cierto es que al finalizar el partido mayor -la primera derrota argentina en una final desde 2016, cuando perdieron con Chile la Copa América Centenario- lo que se comenzó a perfilar fue un fuerte sentimiento de orfandad. Inminente y desconcertante, coincidirán muchos de sus connacionales.
El nuevo mundo sin Lionel Messi, quien hace parte de la selección mayor desde 2005, 21 años atrás.
Entonces comienzan las evaluaciones sobre el legado. Lo de Lionel Messi en la selección son números millonarios: es su máximo anotador (127 goles), es la persona que más veces ha vestido la camiseta albiceleste (207 partidos).
Y es el argentino con mayor número de mundiales disputados (seis) y el mayor asistidor en una Copa del Mundo, con 12 asistencias, y segundo goleador histórico con 21 tantos.
Ganó cuatro títulos mayores con Argentina: un Mundial, dos Copas América y una Finalissima frente a Italia.
"Tus lágrimas son las nuestras, capitán. Nos diste las alegrías más grandes de nuestras vidas. Gracias por la entrega, por la magia y por dar la vida hasta el último segundo. ¡Te amamos para siempre, Leo!", escribió la Asociación del Fútbol Argentino, AFA, en su cuenta de Twitter a modo despedida.
A modo de agradecimiento.
Pero, ¿cómo se le puede agradecer a un jugador que dio tanto?
Tal vez con muchas lágrimas.
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